20 de julio de 2010

Vigo Transforma: La Crónica de un viaje

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Después de algo más de una semana para asimilar uno de los eventos del verano, bien por lo grande que fue ese pequeño festival a orillas del Atlántico, o bien por lo que dio de sí el muelle de transatlánticos de Vigo, os relatamos la experiencia de Long-Brit, que no sólo nos centraremos en el festival, sino en lo maravillosa y lo llena de sorpresas que es Vigo para los amantes de la buena música y el buen ambiente.

El atardecer de Vigo empezó a ser aporreado con fuerza por el ritmo de Triángulo de Amor Bizarro, quienes con un directo muy potente quisieron arrancar de cuajo del sonido ambiente los graznidos de las gaviotas que nos prohibieron dormir más tarde. Con su Año Santo, despejaron dudas y demostraron que hoy por hoy siguen siendo uno de los grupos españoles más potentes del panorama, gracias a lo bien que sonaban las guitarras con la voz rebelde de Isa, la cual seguro que salió con más de un marido del concierto.

Posteriormente fue el turno del venezolano Devendra Banhart, quien se empeñó en preparar el terreno (demasiado) para uno de los platos fuertes del festival que vendrían a continuación: el cantante de Wilco. Jeff Tweedy, maltratado posteriormente por la prensa nacional, para nosotros dio un recital perfecto. Por supuesto en solitario no llega al nivel alcanzado con Wilco, pero la imagen del de Illinois amazando a ritmo de vuvuzela su guitarra con la puesta de sol en el muelle de Vigo es para nosotros la imagen del festival. Lamentablemente, en LongBrit aún no nos patrocina ninguna marca de fotos y el resultado con la minicámara del móvil es cuanto menos dantesco. Sobran las palabras.

The XX, encumbrado hasta la saciedad por los mismos medios que hundían al bueno de Jeff en la miseria, daba un concierto de no más de 50 minutos, tocaron sus canciones más conocidas y adiós. Para nosotros no fue el mejor concierto del festival (aunque muchos lo digan), sobre todo después de haber disfrutado de un auténtico show en el Primavera Sound. Empáticos, incluso hastiados, parecían los equisquis como muchos los llamábamos, o los exex como se empeñaban en adoctrinar los acólitos allí presentes. Aún así, todos vibramos con la potencia de los bajos registros de los londinenses.




Fanfarlo, uno de los grupos favoritos de Long-Brit, subió al escenario Heineken justo en el momento en que el respetable aprovechaba para aprovisionarse de unos zumos de cebada a dos euros la caña o cinco euros el litro coinciendo con las 22.30 de la noche. A pesar de que el sonido pudo haberse mejorado (la voz estaba descompensada con los instrumentos de cuerda que acompañan al grupo en sus giras) fue un grandísimo concierto, a pesar de su brevísima duración. El mayor mérito de los ingleses fue aprovechar la pequeña franja horaria que les habían procurado, y en ocasiones enlazar hasta tres veces temas de su disco Reservoir como si fuese el último concierto que fuesen a dar. Muy buenos.




Love of Lesbian subieron al escenario Xacobeo a continuación, para repetir por enésima vez ese show que tan bien se han aprendido los españoles. En ocasiones no sabía si los estaba viendo en otro concierto o era todo un deja vú. Impecables, pero ya un poco cansinos. Volvieron a hacernos saltar con el bueno de John Boy.

Y ya para finalizar quedaban un par de conciertos. Os Mutantes por un lado, exponente de la psicodelia brasileña setentera, renovada por el cantante, hicieron bailar a la muchedumbre a ritmo de samba y buena música. Siempre había recelado de ellos, pero he de reconocer que incluso sin efluvios etílicos son capaces de hacer bailar al ritmo de “A mina menina” a cualquiera que se ponga en su radio musical. Para la memoria quedará ese baile con la canción “El Justiciero”, quién pilló a más de uno por sorpresa. Conciertazo.

Miike Snow finalizó la jornada del viernes de una manera sobresaliente, aunque por problemas logísticos sólo pudimos escuchar la primera canción. Una pena.

El sábado comenzó del mismo modo con Polock. Se notaba que había menos gente que el día anterior, pero eso no fue excusa para que los valencianos sacasen a la palestra todo su recital, con a juzgar con lo que se vio, bastante poco éxito. Para nosotros, lo más flojito del festival.

Eladio y los Seres queridos fue lamentablemente una baja colateral dado el poco interés que había despertado en nosotros Polock, que había propiciado nuestra marcha para degustar unos pescaditos en una auténtica taberna, enfrente de la lonja de Vigo, llamada El Turista. Muy recomendable, deliciosa empanada de xoubas, pulpo, pescaditos fritos variados… muy fino.

The Divine Comedy solventó su papeleta. Es un grupo que personalmente nunca me ha llamado la atención, pero tenía interés por ver en directo al que fuese uno de los muchos galanes británicos que poblaban esas tierras a mediados de los 90. El interés venía motivado por la participación de Neil Hannon en el último trabajo del alma de los Belle & Sebastian, llamado el proyecto “God Save the Girl”, el cual ya hemos comentado en LongBrit. Pop muy correcto, con matices muy británicos.. Destacable el piano, y sobre todo, la versión del Time To Pretend de MGMT, la cual nos costó bastante identificar al principio. Al igual que con Jeff Tweedy, la imagen del atardecer en Vigo y la musiquita casi hizo que a más de uno se le cayese una lágrima.

The Morning Benders hizo un buen concierto, preludio de lo que espera a muchos en el Heineken Jazzaldia de este año. Sin duda habrá que seguir a este grupo porque tienen pinta de que prometen.

Orbital. Ay, Orbital. Oscuridad. Dos pollos con linternas en la cabeza que al pinchar mueven de un lado a otro el almendro provocando un efecto que a ritmo electrónico puede resultar hasta de mal rollo. En general, dejando ironías aparte, un muy buen concierto de los ingleses, quienes cada vez que remezclaban algo electro con un clásico (como por ejemplo con el ATB 9 pm Till i come), arrancaban gritos de entusiasmo de una juventud a la cual esos sonidos les arrancaban sonrisas de antaño.

A la 1.00 salió Fischerspooner, compuesto por un señor con edad y una muchacha que pincha con ordenador muy bien. El señor llevaba una botella de whiskey, una botella de champagne barato, y otra botella sin identificar. Al acabar el concierto, el señor se lo había bebido casi todo él solito. Concierto también electrónico, muy ochentero y noventero, que parecía que a gritos invocaba a todos los Nengs de Castefa a bailar sus ritmos sintetizados. Muy muy divertido, pero rozando lo bizarro.

Después del show patatero que habíamos presenciado, volvió a haber otra víctima colateral, en este caso Caíno.

Después de cada jornada del festival tocaba conocer Vigo, y así llegamos el viernes a La Iguana, un sitio que me recordaba vagamente al Independance de su época Barnon, por el estilo del local, y por la cantidad de gente que había. Sí, también había una gran tarima. Música alternativa, tirando a lo electrónico en ocasiones.

Después de La Iguana Club, nos fuimos a uno de los after más conocidos en Vigo, el Manco, en donde ya el cansancio acumulado del viaje nos retiró. EL sábado tras conocer el lado más lamentable del electro, nos fuimos primero a La Graciosa, sitio muy recomendable para tomar unas copillas sin agobios en compañía de amigos, visitamos La Fábrica de Chocolate, donde ponían un auténtico musicón… y acabamos de nuevo en La Iguana.




El próximo año repetiremos, sin duda. Tremendo festival, tremenda ciudad, y tremenda gente.

1 comentario:

lu dijo...

Muuuy fino Galdo!! pero...sólo escuchasteis un tema de Miike Snow????? eso es imperdonable eh!jeje