18 de octubre de 2010

Maldita Nerea y Raphael en el mismo stand de discos, o como inventar una excusa para hablar de Maldita Nerea y arrojar algunas preguntas.

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El viernes pasado venía publicada en el suplemento Metrópoli de El Mundo, una interesantísima entrevista al cantante de Maldita Nerea, en la cual hablaba de sus inicios, sus primeros conciertos, su opinión acerca del panorama musical… Mientras la leía con el televisor encendido, empecé a escuchar un tipo de música, cuya vocalización era cuanto menos característica, y su género, ya identificado a los diez segundos, sin duda había sido escuchado hasta la saciedad por millones de españoles durante las últimas décadas. Era ni más ni menos que Raphael, quien estaba promocionando en el telediario su último disco, Te llevo en el corazón.

En ese momento se me pasaron muchas ideas por la cabeza, sobre todo después de haber leído la entrevista que os comentaba. Desde siempre he profesado una especial simpatía al grupo murciano, el cual conocía desde 2003, cuando sus maquetas y su primer álbum, Cuarto Creciente, circulaban de portátil en portátil en la universidad cuando aún no eran ni populares los Pen-Drives ni la red Wifi; eran aún una idea de laboratorio al alcance de algunos elegidos.

En aquellos momentos, cuando el mercado musical estaba invadido por discos de triunfitos y se exprimían al máximo las canciones del verano hasta bien entrado el invierno, los once temas del álbum de Maldita Nerea eran degustados directamente sin aditivos, sin pasar por la radio, cuando todavía no existía ni Youtube ni Spotify. Vivíamos tiempos antiguos en una edad moderna. Cuando eran buscados en redes P2P era prácticamente una misión imposible encontrarlos. De vez en cuando en alguna discoteca de moda podías escuchar algún tema (“Ninguno de los dos”), pero parecía que el privilegio de conocerlos estaba reservado a unos pocos.

Conciertos por Murcia, Salamanca, y alguno en la sala Chesterfield de Madrid, atestiguaban día tras día que el grupo tenía ganas de más, de poder llegar a todo el público, de que sus notas, sus melodías, sus estribillos y sus letras resonasen en las cabezas de una juventud posiblemente aburrida con el panorama musical nacional existente. Una vez editado su primer disco, parecía que el futuro de estos chicos se había difuminado, como tantísimos otros grupos que a pesar de tener talento y una gran calidad, no pueden pagar el dinero que cuesta salir a las ondas y por tanto, tener ya hipotecado su futuro de antemano. Con suerte un single, o como mucho dos. Reflejos de un éxito muy efímero.

Unos años más tarde, cuando todos creíamos que Nerea había pasado de ser maldita a inexistente, daban un giro de 180º a su carrera y con la colaboración de Los Delincuentes en uno de los temas de su segundo álbum, El Secreto de las Tortugas, relanzaban su carrera musical seguramente como nunca habrían imaginando, conquistando las pistas de baile a base de ritmos pegadizos y letras canallas. Comenzaba una nueva era, los éxitos empezaban a encadenarse en las principales emisoras nacionales, y poco a poco pasaron de tocar frente unos cientos de personas a tocar frente a multitudes.

Con dos discos en el mercado, y encaminados ya finalmente con una carrera que en ese momento parecía no tener techo, los señores trajeados de Sony Music se fijaron en ellos. Maldita Nerea consigue finalmente un gran contrato con una multinacional, reeditándose la mayor parte de los temas de los dos primeros álbumes en un tercer disco, Es un secreto… no se lo digas a nadie, y firmando grandes conciertos, como el que darán próximamente en el Palacio de los Deportes de Madrid.

Esta es una historia con final feliz, como tantas otras (que me vengan a la cabeza, Lori Meyers y Vetusta Morla), pero es una historia que ha tardado ocho años en tener fin (o un nuevo comienzo, según se mire), desde que en 2002-2003 autoeditasen su primer disco.

Han demostrado que tienen calidad de sobra, no en vano llevan llenando grandes recintos y auditorios desde hace tiempo y firmando grandes directos, muy alejadas las actuales cifras de aforo de cuando venían a Madrid a tocar en la sala Chesterfield o posteriormente en Cats. Me recuerdan vagamente a Vetusta Morla porque en su momento yo tuve la suerte de poder verles en el que actualmente es el Orange Café con como mucho 40 personas más hace ya un montón de años… Y no quiero entrar en el debate de si un grupo de multitudes es mejor o peor que otro, sólo que por norma general el llenar estadios suele ser una ley de acción-reacción, donde el talento y el trabajo duro suele transformarse en éxito. Y recalco en negrita, suele.

Y después de esta historieta real y escuchando de fondo a Raphael me pregunto, y os invito a reflexionar… ¿Qué pasaría si las grandes multinacionales en vez de financiar producto añejo como Raphael, Camilo Sesto (con todos los respetos)… diesen más importancia a los grupos que están empezando, les diesen los medios adecuados, salas de mezcla y producción acordes con el nivel mostrado, y una promoción al menos decente?¿Cuántos miles de grupos con talento, potenciales llena-estadios, auténticos en sí mismos… se han quedado en nada por estos mismos motivos, cuando a la vez se invertían auténticas millonadas en relanzar carreras musicales ya acabadas? ¿Por qué si se demuestra que con los medios correctos grandes artistas poco conocidos pueden relanzar el mercado musical contemporáneo, se sigue cayendo en viejos vicios y malas artes? Y aunque ya no sea tema de invertir tantísimo dinero sin saber si va a prosperar… ¿dónde están las iniciativas para hacer conciertos de nuevas bandas? Seguro que patrocinadores no faltan, ¡y los conciertos son básicos para difundir nueva música! ¡Y para vender discos!

Por poner un ejemplo, en el Universimad 2009 asistimos al concierto de una banda que nosotros nunca habíamos escuchado, ni sabíamos que existía. Después de un buen concierto, los propios integrantes del grupo bajaron con el público, y nos regalaron a todos los asistentes un CD de muestra con dos canciones. Ya sólo con ese detalle consiguieron por nuestra parte tener algo de curiosidad y empezar a seguirles, escuchar su disco, y posteriormente poder verles en festivales de la talla del FIB. El grupo era L.A., y en el CD promocional tan sólo venían las canciones Hands y Crystal Clear.


Todas las anteriores preguntas y muchísimas más son las que me vienen a la cabeza cuando leo acerca del éxito de un grupo que se lo ha trabajado desde hace una gran cantidad de años, y de fondo escucho como me venden el quincuagésimo álbum de una fórmula agotada tan sólo para hacer caja entre un minúsculo sector de la población, que seguramente no sólo decidirá el futuro musical de las próximas generaciones, sino que puede hasta corromperlo.

Créditos imágenes: (link1 - link2)

1 comentario:

LONG BRIT magazine dijo...

pues toda la razón te doy amigo Galdeano...