24 de abril de 2011

Crónica de una muerte anunciada (Parte II)

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¿Qué se siente cuando se está en la cima del mundo? 

Solo unos pocos pueden responder a esta pregunta. El descomunal éxito que sucedió a “Elephant” (casi 5 millones de copias) puso a The White Stripes, herederos del sonido garaje de Detroit, en lo más alto de la ola del renacimiento del rock del siglo XXI, arrasando a su paso con todos sus compañeros de generación.



Este disco, lleno de clásicos contemporáneos como “Seven Nation Army”, “Black Math”"Ball & Biscuit”,  les hizo ganar un Grammy al mejor disco alternativo (puestos a ganar uno, que sea este), tocar para enloquecidos teens en los premios de la MTV y servir de himno a fervorosas hinchadas a lo largo y ancho de Europa. Además de ser bendecidos con la colaboración de Kate Moss, diva del rock por antonomasia, con su presencia en el vídeo “I just don ’t know what to do with myself”.

Resulta complicado conservar la esencia del blues en grandes estadios, pero Jack y Meg tienen mucha carretera a sus espaldas, lo que les ha convertido en "animales del directo" haciendo de cada acierto un ejemplo de reafirmación, prácticamente una experiencia religiosa.


En 2005 vuelven al estudio casero para grabar "Get Behind Me Satan", un disco más predecible que supuso, a pesar de ganar de nuevo el Grammy al mejor disco alternativo, el principio del fin, tanto en lo personal, como en lo profesional. Se utilizaron más instrumentos como la mandolina, pianos y macorinas para suplir la falta de ideas, recreando con ello una vuelta a sus sonidos acústicos. En lo personal, Jack conoce a la modelo Karen Elson en el rodaje del vídeo “Blue Orchid” y se casa con ella mudándose de Detroit a Nashville, cosa que fisura aún más el grupo.

2007, último año de ambos, ve nacer "Icky Thumb". Parodiando una mítica foto de Carnaby Street en la portada, los White nos ofrecen un refrito de las ideas del grupo y de sus diferentes patrones de canciones. Después de algunas actuaciones, incluido el Primavera Sound del 07 y ante la perspectiva de una gran gira americana e inglesa, la silencionsa Meg sufre un ataque de “ansiedad aguda”que la incapacita y anulan todas las fechas. Siendo su última actuación un patético dúo de guitarras en el late night de Conan O’Brien en el que Jack rompe prácticamente a llorar.


Como herencia nos queda “Under The Great Northern Light”, un atípico documental de la atípica gira candiense del verano de 07. Imprescindible.
Pocas veces nos encontramos ante un artista tan desproporcionadamente dotado con el que seguro que en el transcurso de los años venideros seguiremos disfrutando de todo lo que toca con su barita de ingenio. Este es su legado, el legado de su juventud, una ardiente bola de fuerza de espontaneidad e intuición que se consume en el cielo.