24 de julio de 2011

Amy Winehouse, alma de blues (1983 - 2011)


No puedo evitar la sensación de flashback a la hora de afrontar la muerte de Amy Winehouse. ¿Fue una incomprendida comprendida?, ¿un genio oportunista?, ¿una diva de la calle? Realmente fue una trapecista en el fino hilo de la fama, una artista que fue de todos y no fue de nadie.


Su padre, taxista aspirante a cantante, siempre lo tuvo claro. Estudió en el prestigioso Brit School, donde se formó como artista y a los 19 años ya tenía un contrato discográfico, otro de managment y un acuerdo con una editorial. Con su primer disco “Frank” (homenaje a Sinatra) perfiló el camino y con “Back to Black” llegó el éxito masivo (en España no se editó hasta 2007 debido a la escasa repercusión de la música soul en nuestro país que se nutre básicamente de compradores por correspondencia, sin comentarios…).


La prensa, los escándalos, los maltratos del antihéroe de esta historia Blake Fielder-Civil, la rehabilitación que nunca llegaba, los conciertos buenos (Apollo) y no tan buenos (Madrid, Portugal, Belgrado...), la historia que por suerte o por desgracia todos conocemos.


Lo primero que pensé cuando mi amigo Rubén Álvarez , que prefiere mantenerse en el anonimato, me informó de su muerte, fue pensar en la épica y “acierto” de este suceso. Similitudes hay muchas, pero la más evidente es la de las 3 Jotas: Jimi Hendrix, Janis Joplin (compañera de alcohol y dramas atormentados con los hombres) y Jim Morrison, haciendo suya la máxima de James Dean: "vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver". Además, estos tres murieron en el año 71. Justo 40 años más tarde y con la misma edad, Amy nos deja rodeada de todo el halo de misterio-circo que fue su vida.


Siempre se tiende a alabar a los artistas tras su muerte, muchas veces por respeto o por costumbre, aunque se les hubiese criticado en vida. Como yo la admiraba en vida no me veo inmerso en este debate interno ético-moral.


Amy fue una artista siempre. Su personalidad, su anticonvencionalismo, incluso sus hábitos son la expresión de un carácter sensible, a veces dulce a veces autodestructivo, y obtuso de un músico.


La expresión de su obra se escribe con lágrimas en sus días y alcohol en sus noches. La manera más sentida y torturada de crear. Siguiendo el ejemplo de las grandes damas del jazz y del soul: Billie Holliday, Nina Simone, Etta james , Dusty Springfield o incluso Edith Piaf, maltratadas, adictas y despreciadas por 'sus' hombres. Ese background emocional es el que les permitía transmitir esa emoción auténtica que oímos en el blues de Muddy Waters, Howlin wolf o Jonh lee Hooker .


Incluso su final fue el de una auténtica leyenda, se sumió en el alcohol, anuló su última gira europea, la discográfica le negó la publicación del tercer disco por ser diferente al producto esperado y se le vio por última vez acompañando a su padrino musical Danny Broomfiled en el road house de su querido Candem.


Decir que Amy ha sido una de las artistas más relevantes de la última década es harto obvio, por su calidad , por adoptar un estilo de tan difícil audición para los oídos más acomodados a la radiofórmula, por su personalidad, incluso por sus ventas.


Su muerte la sube al olimpo de los jóvenes torturados engullidos por su arte, un estandarte para los que defendemos la expresión artística como un exorcismo de la realidad del creador.

Parafraseando a Elton John:


“Your candle burned out long ago, your legend never will”


Descanse en paz





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