18 de agosto de 2011

Sonorama Ribera 14. Wish you were here

Pin It Ahora!

Wish you were here, como rezaba Pink Floyd, y como cantaron Dos Bandas y un Destino el sábado por la noche en uno de los momentos cumbre del festival. Se acaba la temporada de festivales, de dormir en hoteles, hacinados en campings o en la casa de Pete Doherty. Finaliza la sobredosis de música que para nosotros comenzó en mayo con el SOS y el Primavera Sound, continuó con el DCODE, VigoTransforma, FIB y HeinekenJazzaldia. Miles de euros gastados en otros tantos minis de cerveza y copas, pero invertidos en momentos mágicos, como los vividos en el reciente Sonorama. Lamentablemente por motivos laborales no pudimos asistir ni a la jornada del jueves, ni a los conciertos durante el día del viernes.



Ya vaticinamos que no iba a ser un festival más. La apuesta artística de la dirección del festival de involucrar por entero a una ciudad de casi 33000 habitantes fue sobresaliente. La zona del centro, a partir de las 12 de la mañana, brillaba con luz propia gracias a los dos escenarios situados en sendas calles prácticamente equidistantes a la preciosa Iglesia de Santa María la Real. Entre ambos, se aglomeraban las barras a pie de calle, que te prohibían superar la resaca del día anterior sin tener nada que llevarte a la boca, ya fuera una bebida isotónica o una cerveza. Si no habías reservado con varios días de antelación, comer un lechazo era una misión prácticamente imposible.

Fue en estos momentos de gafas de sol y Aquarius donde disfrutamos de grandes bandas, como Hola A Todo el Mundo, quienes volvieron a sorprender a los madrugadores que menos los conocían. También fue el momento de Dinero, quienes realizaron un show tremendísimo, como colofón a la gira de más de 150 conciertos (según dijeron) que llevaban realizando durante el año. Anteriormente a HATEM y a Dinero tocaron Disco Las Palmeras!, con una Plaza del Trigo aún a media entrada. Firmaron un concierto bastante más que correcto, pero se notó que por ser el primero, a las 12.00, la respuesta del público fue muy perezosa. Posteriormente, una batucada inundó la calle entre ambos escenarios, que con un ritmo potentísimo pusieron a bailar a indies, niños y mayores.

Hola A Todo El Mundo


La jornada del domingo en el centro de Aranda fue similar, con los grupos Medelia, el proyecto de Álex Ferreira, y Mucho, lo que queda de los míticos Sunday Drivers. Pero si el día anterior habíamos echado raíces en la Plaza del Trigo, el domingo tocaba sentarse en la terraza de La Traviesa, y escuchar a Midnight Travellers, Marcus Doo & The Secret Family y a Cohete. Medelia fue el perfecto canalizador entre el intenso día anterior, que comentaremos más adelante, y el aperitivo del día siguiente. Melodías Folk Pop de gran calidad, de esas que tanto nos gustan en Long-Brit, pero que por contrapunto debido al sol mesetario que pegaba con fuerza, no acababa de ser un enganche para los cientos de personas que habían “madrugado”. Ya una vez sentados, disfrutamos del resto de los grupos de la Plaza de la Sal, con especial mención para Cohete, quienes siguen demostrando una grandísima progresión, siendo bastante factible que el próximo año los volvamos a ver pero esta vez en el interior del recinto. Muy recomendables. Marcus Doo realizó otro concierto de gran factura, pero pienso que les falló el sonido, no creo que un escenario montado en la parta superior de un autobús “Double-Decker” sea la mejor opción para un grupo que vive de guitarras acústicas y arreglos vocales. De cualquier modo, fue una propuesta refrescante, y desde luego empezaremos a seguir a este reciente descubrimiento.

Dejamos los conciertos durante el día, y nos concentramos en el festival como tal. Con capacidad para unas 15000 personas (el domingo rozó el lleno absoluto con 14000), lo primero que llamaba la atención era la única superbarra cuadrada que había en el centro. La verdad es que exceptuando algún momento clave, como el cambio entre escenarios, no había prácticamente colas en casi ningún momento, al igual que en las taquillas donde se canjeaba el dinero por las fichas verdes o “Sonos”. Otra cosa que nos encantó fue que, al igual que en la primera edición del VigoTransforma, los escenarios estaban enfrentados, lo que implica que cuando acaba un concierto en uno, empieza otro en el de enfrente, y así sucesivamente, produciendo que los únicos solapes existentes sean los que se produzcan entre los propios escenarios y la carpa. Y si ya sumamos el hecho de que en cada cambio de escenario, de camino tienes la barra… es perfecto. A la misma altura que la barra, pero más centrada en el escenario principal, se encontraba la zona VIP, con zona para sentarse y descansar, y precios reducidos en consumiciones, aunque el sonido, al encontrarse alejada del escenario, no era demasiado bueno para lo que se espera de una zona especial.

Amaral desde la zona VIP


El viernes llegamos a tiempo de ver Los Campesinos!. Por temas de horario, Bigott nos resultó imposible, y Tachenko, aunque nos encanta, les hemos visto ya varias veces, por lo que tampoco resultó un velatorio el camino al festival. En cuanto a los mozalbetes Campesinos, mi opinión, tras el VigoTransforma donde les vimos, no fue buena, y tampoco ha cambiado. Sí, tienen dos grandes temazos, pero el resto de temas de sus dos discos no están a la altura, aunque demuestran que ya más de cinco años en escenarios son suficientes para conseguir un buen sonido. Que no llega a transmitir, e incluso puede convertirse en ciertos momentos en tedioso y repetitivo, pero buen sonido en el fondo. Por lo menos, tocaron al inicio del festival, y no de madrugada como en VigoTransforma.

En el siguiente escenario tocaron una de las bandas favoritas, Niños Mutantes. Se sucedieron temas especialmente de los últimos discos, y a pesar de que son una de mis bandas favoritas, es patente una falta de fuerza preocupante en sus directos, como pasó el año pasado en el Low Cost. Es grotesco (como diría Piqueras) que un grupo con seis discos editados (sin contar LP’s) tenga que encender a su público con una versión, el Como yo Te Amo de Raphael. De cualquier modo, fue un buen concierto, el sonido fue espectacular, pero carente de ritmo en algunos tramos. Como no podía de ser otro modo, a partir de tocar Como Yo Te Amo, el concierto fue más rápido y más divertido que en la primera media hora, aunque siempre echaremos de menos que toquen un poco más de sus magníficos primeros discos Mano, Parque, Paseo y Otoño en Agosto, y un poco menos de sus comerciales últimos discos.

Sin respiro, y entre una nube de polvo que se originaba cuando miles de personas se daban la vuelta y enfilaban rumbo al otro escenario, comenzó Nacho Vegas. Brillantísimo concierto, la voz rota de Nacho atronaba por los altavoces mientras entonaba nuevos clásicos y alcanzaba puntos álgidos gracias a Michi Panero. Hasta ese momento, no nos equivocábamos cuando afirmábamos que era uno de los mejores conciertos del año. Personalmente, siempre me ha gustado Vegas, pero siempre me ha dado pereza escucharle, y más aún ir a verle a un escenario, pero tras esta experiencia, asumo mi error.

Catpeople comenzaba tras Nacho en el Escenario Ribera. Su último disco, el cual a ninguno nos había gustado, y la proximidad de haberlos visto hacía poco tiempo, hicieron que conociéramos a fondo el recinto, el cual aún no habíamos tenido opción de explorar. La oferta gastronómica, al igual que los precios, era bastante correcta, aunque nada comparable con otros festivales como el FIB, el Primavera o el SOS. También es cierto que la extensión del recinto tampoco permitía florituras como en otros festivales, pero si podía haberse aumentado sustancialmente la oferta.

Sexy Sadie subieron al Escenario Heineken con prácticamente todo el espacio entre la torre de sonido y el propio escenario abarrotado, a pesar de que aún se escuchaban los últimos acordes de Catpeople de fondo. Estrujaron sus mejores canciones al máximo, rescatando bajo la noche de Aranda auténticos himnos noventeros que los más mayores del lugar bailamos enfurecidos. Y es que gracias a que la mayor parte de la gente se agolpaba en la zona central y derecha del escenario, aunque llegaras tarde con un ligero movimiento escorado a banda izquierda te situabas a diez metros del escenario en un periquete.

Por tercera vez en lo que va de año veríamos a Second, y por séptima vez en nuestra vida, nos dimos cuenta de que cada vez que les escuchamos en directo, o mejoran, o son capaces de airear con otra brisa sus temas. El respetable se volvió una masa de brazos que coreaban al unísono los temas de los murcianos, con especial hincapié para Rincón Exquisito o su último single, Muérdeme. Frutos siempre demuestra que delante de un buen grupo tiene que haber un buen frontman, como así fue.

Volvimos al Escenario Heineken para presenciar la actuación de uno de los gallegos con la voz más identificable del panorama nacional, Iván Ferreiro. Con su pinta de majete, y con la colaboración de su hermano Amaro, desgranó lo mejor de su extenso repertorio, impartiendo una lección magistral de cómo evolucionar sin perder un ápice de frescura. Su concierto, aparte de muy bueno, nos abrió el apetito para ver al día siguiente su proyecto vía twitter, La Orquesta Poligonera.

A pesar de que los conciertos vistos rondaban la media docena, llegaba el plato fuerte más electrónico al festival. Delorean firmó un concierto antológico, donde nadie fue incapaz de quedarse quieto sin bailar. Sin ningún lugar a dudas, Delorean se ha convertido en un referente fuera y dentro de nuestras fronteras, y hoy por hoy muy pocos grupos en su estilo son capaces de conseguir un equilibrio tan perfecto entre las guitarras y la mesa de mezcla.

Para finalizar, y aún cogiendo aliento tras la extenuación anterior, fue el turno de Dorian. Lamentablemente, no podemos hablar en este caso como de Delorean. Dorian es un grupo suave, que le cuesta subirse a la espalda al público, y que hasta que no tocan sus tres grandes canciones, da una sensación perenne de solemnidad y aburrimiento. Fue un final de día un tanto descafeinado, tras los buenísimos conciertos que habíamos visto.

Posteriormente, la organización del Sonorama había acondicionado un polideportivo para que hiciera las veces de discoteca, aunque la experiencia tuviese pinta de ser más una nave industrial que de lo anterior. La potencia sonora estaba bastante limitada, y la reverberación del interior del edificio impedía disfrutar un fin de fiesta en condiciones. No obstante, las mezclas más salvajes de Eme DJ brillaron por encima del parqué, y fue suficiente para que las dos centenas de personas que estaríamos allí nos fuéramos satisfechas a casa.

El sábado en el recinto comenzó desde primera hora con Mishima, formación catalana, que canta exclusivamente en su idioma, y que entre el desconocimiento de los temas, y que no nos enterábamos de demasiada lírica, nos gustó más bien poco. La comparación con bandas del estilo como Manel o Antonia Font era inevitable, y Mishima no salió bien parado, ocupando el tercer puesto en un hipotético podio de bandas indies que cantaran en mallorquín y/o catalán.

En este momento, cuando era aún de día, comenzó la maratón de conciertos. Xoel comenzó su concierto sólo en el escenario, y una vez tocado su tema de introducción, permitió la entrada al resto de la banda. Conciertazo espectacular, tanto el sonido como el repertorio fue excelente. Siempre se agradece que a pesar de ver conciertos en poco tiempo, los grupos se trabajen el setlist y al menos el orden de los temas sea distinto, y en este caso, no sólo fue así, sino que se tocaron temas que no habíamos tenido ocasión de presenciar un par de meses antes en Vigo.

Xoel


Nada más finalizar, y con el anochecer sobre Aranda, comenzó en el Escenario Ribera el concierto de un grupo que a priori, llamaba más la atención por su apuesta y su “concepto” que por la faceta artística, ya que el show estaría compuesto por versiones. Se trataba de La Orquesta Poligonera, formación compuesta por Iván Ferreiro a través de Twitter, contando la presencia de ilustres como Anni B. Sweet, Noni y Alex Meyers, Guille Mostaza, Coque Malla y Nico Pastoriza, además del propio Iván. Escuchamos versiones de Alaska (Mil Campanas), Radio Futura (La Estatua del Jardín Botánico)… y canciones interpretadas por los propios compositores, como Dilema de Lori Meyers. En definitiva, un concierto que transmitía un muy buen rollo, y un acierto como apuesta. Sólo con el nombre del grupo… ya se intuye que las mofas entre ellos y con el público pueden ser míticas. Para poder hacerse una idea de lo que implica, es recomendabilísimo el artículo que publicaba Guille en su blog oficial.

La Orquesta Poligonera

La Habitación Roja comenzaba casi a las 22.00, y se convirtió por méritos propios en uno de los mejores conciertos del festival. A ello contribuyó el rescate de viejos temas, como Nunca ganaremos el mundial, o Scandinavia. Al principio del concierto existieron problemas de sonido, pero realmente fue un pequeño error en comparación con lo que hicieron disfrutar a la muchedumbre que nos congregamos en un polígono a las afueras de Aranda de Duero. Con un nuevo disco en ciernes como nos confirmó ayer en Moloko Pau, han conseguido que temas más antiguos suenen renovados y más vivos y presentes que nunca, sobre todo una vez que una canción como Van a por nosotros se convierte en uno de los himnos de la iniciativa Democracia Real, o por fin hayamos ganado un mundial.

La Habitación Roja


Con el concierto de Los Coronas junto con Arizona Baby, bajo la formación Dos Bandas y un Destino, se vivió otra hora mágica en el festival. Las gafas de pasta se sustituyeron por ponchos y sombreros, y los Iphones y Blackberry se cambiaron por pistolas. En el visual se empezaron a poner películas de serie B del oeste, y el escenario Ribera se había trasladado a Almería. Tarantino habría sufrido una terrible erección, e incluso el mismísimo Clint Eastwood se hubiera manchado los pantalones de haber presenciado a las dos bandas hilando tema tras tema en un atmósfera del Far West o del Spaguetti Western más salvaje. Con casi todos los asistentes al Sonorama con la boca abierta, en el momento cumbre del concierto sólo se les podría ocurrir tocar una versión de Pink Floyd, Wish You Were Here. Absolutamente increíble.

Dos Bandas y un Destino

Aún estremecidos por el espectáculo recién vivido, nos dirigimos al Escenario Heineken para presenciar el directo de una de las bandas que más están dando que hablar últimamente, Supersubmarina, por motivos como el gran éxito que han cosechado con su disco y su LP, y por ser el grupo que más en el punto de mira está en el panorama indie, por su cercanía a la música de corte más comercial y de radiofórmula. Si bien esto último es discutible y absolutamente personal, de lo primero se encargaron desde el primer momento en demostrar por qué es uno de los grupos de moda.  Con grandes temas como Ana, o Puta Vida, se metieron al público en su bolsillo. La técnica de canto de Chino se resentía en gran medida por lo grande del escenario, y sus gorjeos en ocasiones no eran suficientes para lograr una nota alta en los temas. De cualquier modo, éxito para los granadinos que firmaron otro brillante concierto.

Con el tiempo justo para cenar brevemente, vimos empezar Shout Out Louds, y desde el primer momento, se vio que no era un concierto para lo que el público del Sonorama requería. Shout Out Louds es una gran banda, pero poco conocida en nuestro país, y que su música, más pop-rock indie melódico que otra cosa, a estas horas y tras Supersubmarina y Dos Bandas y un Destino, supo a muy poco. Ni con sus mejores temas los suecos supieron interpretar al público español. El momento que rozó lo grotesco fue cuando Adam, el cantante, en Tonight I Have To Leave It, sujetó el micrófono en los coros sobre el público, y absolutamente nadie le siguió el juego. La cara con la que Adam volvió a meter el micrófono en el escenario fue de… En definitiva, una pena, porque el concierto fue bastante bueno. Y además, que el setlist del festival incluía absolutamente todos los grandes éxitos de la banda. Muy buen concierto, pero para otros paladares.

Shout Out Louds


La banda francesa electrónica con nombre inscribible, Rinocerose, firmó un grandísimo concierto. Jamás les habíamos escuchado, y al principio del mismo estábamos realmente escépticos, ya que la apuesta sonora del grupo, por lo que veíamos, era básicamente una mezcla house bastante lenta, sobre la que se tiraban acordes sin ton ni son. Pero de repente apareció en el escenario la mezcla entre Ruby Rhod (el presentador de las croquetas Geminis en El Quinto Elemento) y Prince, embutido en un traje de cuero que producía un sonido en las cuerdas vocales del pobre hombre más parecido al que produciría un eunuco, que una persona con sus atributos enteros. Desde ese momento, el concierto se convirtió en un show electrónico, donde los temas más bailables sucedían a los de corte más guitarrero oscuro, dejando a nadie indiferente. Gran concierto que produjo que los animales empezasen a oler a sangre, para darse el festín con el siguiente, El Columpio Asesino.

Tocando sus mejores temas de anteriores discos, junto con los de Diamantes, El Columpio Asesino realizó una gran performance, alcanzando el clímax al final del mismo con Toro. Está claro que los navarros con este último disco han encontrado de lleno su sonido, y lo mejor de todo, sus fans están encantados con el resultado. Si bien el Sonorama ha estado lleno de grandes momentos en grandes actuaciones, uno de ellos sin duda ha sido con Toro.

Posteriormente para cerrar la jornada del sábado, nos tocaba la ineludible cita con El Guincho. Aunque en otras ocasiones anteriores no habíamos disfrutado con el sonido de uno de los grupos revelación de los dos últimos años, en este festival supo captar nuestra atención. Los ritmos más caribeños y pseudoafricanos mezclados por sintetizador consiguieron poner a la plana mayor del festival a bailar, y para pena de muchos, acabó pronto. Concierto muy correcto.

El Guincho

Con un domingo venidero en el que el cansancio acumulado y el encaje de bolillos con el partido de ida de la Supercopa eran los factores dominantes, afrontamos de una manera más tranquila lo que quedaba de festival. No sabemos si era suerte, o si la organización del Sonorama había tenido en cuenta el partido, pero era cierto que las bandas del domingo, sin estar absolutamente para nada un escalón por debajo del resto, las habíamos visto ya en bastantes ocasiones y no suponían un aliciente al menos para nosotros. Era un cartel que permitía ser compatible para aquellos que prefirieran ver el clásico.

De cualquier modo, y aunque lamentáramos no volver a ver a Ellos o a Teenage Fanclub, pudimos llegar a tiempo para ver a Cycle. Una banda que ha cambiado tantas veces de cantante siempre tiene el hándicap muy elevado, pero en este caso, no sólo la nueva incorporación realizó un concierto muy digno, sino que el resultado final fue sobresaliente. Pudimos bailar los éxitos más desconocidos, alcanzando el punto máximo del concierto con Confusion, en un Escenario Ribera que no estaba lleno, ya que en ese momento, miles de fans se agolpaban en el otro escenario para ver comenzar a Amaral. 

Amaral


Y en efecto, que el domingo fuera el día en el que más gente había en el festival, no era casualidad. Amaral congregó a prácticamente la totalidad del festival en el Escenario Heineken. No era extraño ver a personas más mayores viendo el concierto codo con codo con los gafapasta más estrafalarios, o ver a niños subidos en los hombros de los padres. Amaral firmó una notable actuación, dando por hecho que siendo el único concierto que habían dado en verano, y justo tras la noticia de la publicación de su sello indie Antártida, estaban con la estamina recargada al máximo. El setlist consistió en una mezcla de sus mayores éxitos, junto con un par de nuevas canciones que presumiblemente incluirán en su nuevo disco con el que volverán a ser indies (sic). Buen concierto, pero en un par de ocasiones empañado por el virtuosismo vocal de Eva, o por alguna perorata de la propia Eva que rompió el ritmo del mismo.

Finalmente, con el festival ya finalizado, era la hora de ir por el centro de la ciudad y disfrutar de unas copas en el Central o en la calle. Era de agradecer que durante todo el festival, todos los bares y terrazas de la zona se hubieran esforzado por mantener un hilo musical más alternativo.


-- Long-Brit Magazine --

(Algunas imágenes han sido cedidas por Elena Pérez y la organización del Sonorama)

2 comentarios:

JRGE dijo...

Muy buena crónica!

Don Miliki dijo...

"Tarantino habría sufrido una terrible erección"... jajajajajaj

Creo que nunca había leído una descripción mejor sobre los Coronas y Arizona Baby. qué grande!!

Coincido con el de arriba, muy buena crónica. De lo mejor del festival La Habitación Roja y lo peor el polideportivo y los conciertos de dorian y campesinos.