15 de febrero de 2012

Nathaniel Rateliff, ¿el nuevo rey del neo-folk?

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¿Acaso tenemos un nuevo líder espiritual en el movimiento neo-folk?. No me quiero mojar del todo pero tras ver ayer su directo en Later with Jools Holland, me quedé (con perdón) acojonado. Áspero, crudo, emocionante,... los adjetivos me desbordan a centenares cada vez que me pongo a narrarlo.

Natural de Denver, Colorado, Nathaniel Rateliff no hace mucho más que cantar, componer y tocar la guitarra. Pero compone tremendas historias depresivas que pudieran ser firmadas por el mismísimo Leonard Cohen, canta con un cierto aire a Robin Pecknold y toca la guitarra sin estridencias, en su cierta medida y conciliando tiempos a las mil maravillas. Igualmente, no le será extraño al oyente, asemejar la tonalidad de dichas canciones al maravilloso primer álbum de Bon Iver, nuestro idolatrado For Emma, Forever Ago. Con todo esto, creo haberos puesto ya en antecedentes suficientes como para que os intereséis por este nuevo trovador barbudo de ojos tristes y físico portentoso para delantero del deporte oval.

Al contrario que Justin Vernon (Bon Iver), Nathaniel aclara que su inspiración es totalmente opuesta y que incluso tres de sus notables canciones (Oil and Lavender, You Should've Seen the Other Guy y Shroud) se deben en buena parte al amor que siente hacia su esposa. Sea como fuere, el álbum que fuera grabado en Chicago junto al productor Brian Deck (Califone, Iron & Wine, Modest Mouse) recreaba aspecto íntimos, nostalgias individuales y retrataba los miedos y todo ese cúmulo de sentimientos que Nathaniel guarda bajo llave en su imaginario, pequeño y viejo baúl al fondo del armario.

Su álbum no parecía ser un debut. Su música la debiera interpretar alguien con unos cuantos años más registrados en su DNI. Great While abría este largo con un par de guitarras y un par de apuntes de piano. Cuando llegabas a su segundo track, Early Spring Till, la voz de Rateliff  ya se hacía hueco en tu cabeza hasta la hora de dormir. De repente creías escuchar una versión acústica de Kings of Leon, al instante, una parte multi-instrumental te recordaba a Wilco. Proseguías..., te gustaba. Te gustaba mucho. Te daban ganas de mamarte a whisky solo y ahogarte en tus propios adentros. Pero de repente encontrabas un claro entre tanta oscuridad, cada canción terminaba con una tímida sonrisa que nos hacía brindar por lo bueno pasado.
Whimper & Wail y A Lamb on the Stone, cerrarían el álbum con algo de pop-rock. No hubo resaca. Fue  una gran noche.
In Memory of Loss, su primer trabajo, nos dejó huella y ahora, tras emocionarme con él en directo, nunca más le perderé la pista.


twitter: @JRGE09