21 de febrero de 2012

Sir Paul McCartney y los clásicos que alumbraron su infancia.

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A pesar de mi fanatismo por los cuatro de Liverpool, nunca fui muy amigo de Paul. Él era el lider de la banda, con permiso de John, y el que tiraba del carro cuando todo parecía llegar a su fin. Sin embargo, aquel documental de Let It Be en que abroncaba exageradamente a cada uno de los miembros de la banda delante de las cámaras, me obligó a decantarme por el político Lennon y el espiritual y magnánimo, George.

Con todo y con ello, hay que partir de la premisa que Paul McCartney es el mayor compositor de la historia de la música (ojo!). Evidentemente, esto es un mérito monstruoso pero claro, es que encima era uno de los compositores principales de nada más y nada menos que la mejor banda de todos los tiempos, The Beatles. Resultado: hay que arrodillarse ante él y si te dice que te tires de un puente, pues... te tiras y a callar.

Sir Paul McCartney, aunque yo en su lugar ya hace tiempo me hubiera dedicado a las mujeres, las fiestas y en general, la mala vida, sigue tocando y componiendo (lo lleva en la sangre, es su vida). Proyectos como Fireman y grandes apariciones en festivales de la talla de Coachella, han sido algunas de sus últimas empresas.
Siguiendo esta última línea y, como al parecer, Paul no se puede estar quieto, ahora tenemos un nuevo álbum tributo a las canciones que le sirvieron de inspiración en su juventud, la génesis del sonido Beatles. Únicamente dos temas firmados de su puño y letra (My Valentine, Only Your Hearts) y el resto, homenaje a  las grandes canciones de su infancia y posterior juventud. La atemporal I’m Gonna Sit Right Down and Write Myself a Letter de Fats Waller, Home (When Shadows Fall) del inolvidable Sam Cooke o la popular canción británica de primera mitad de siglo XX, It’s Only A Paper Moon, interpretada por leyendas de altura como Ella Fitzgerald o Nat King Cole.
Le siguen The Glory Of Love, original de Billy Hill e interpretada por Benny Goodman e incluso la composición de Guy Wood y Robert Mellin que fuera popularizada por Frank Sinatra, My One And Only Love.

Para la grabación, nada mejor que la bella mujer de Elvis Costello, la gran artista contemporánea del jazz, Diana Krall. A ello le añadimos el mejor amigo (y enemigo al mismo tiempo), de su entrañable e inseparable George Harrison, nuestro maestro Eric Clapton ("Mano Lenta" para los amigos). ¿La guinda?, Stevie Wonder. Música con pedigree.

El álbum en cuestión, Kisses On The Bottom, resulta una obra de coleccionista. De escucha tranquila, easy-listening, sensiblero y sin riesgo alguno. No es un largo con muchas pretensiones y no entrará dentro del listado de lo mejor del año en ningún medio. Sin embargo, es una producción de alta gama, un utilitario, gusta a todos por igual y a nadie desagrada. Una prenda imprescindible de fondo de armario, un básico ineludible.

Presten atención al track "My Valentine" (colabora Clapton)... hay tantos comentarios que ni se ve el fondo de la nube! (es lo que tiene estos Beatles).


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