12 de abril de 2012

Mark Lanegan, camino a la perdición


El domingo por la tarde, horas antes de que comenzara el concierto de Mark Lanegan en la sala Kapital, mi amigo Ramón me preguntó mientras tomábamos unas cervezas: ¿Oye, quien es Mark Lanegan? A lo que respondí: "se puede considerar que hay 4 grandes cantantes surgidos del grunge de principios de los '90 que, cada uno en su estilo, crearon un sonido personal y un registro inconfundible: Kurt Cobain con Nirvana, Eddie Vedder con Pearl Jam, Chris Cornell con Soundgarden y Mark Lanegan con Screaming Trees." Entonces  surgió la consabida segunda pregunta: "¿Y por qué si los tres primeros son dioses del rock... ni me suena el nombre de Mark Lanegan?"
Y ello me hizo pensar en que si Lanegan, que militó en Sound Garden, colaboró con los Queens of the Stone Age y con Soulsavers, ha grabado tres discos de folk-canción de autor con Isoabell Campbell (Belle and Sebastian) y tiene dos discos en solitario con gran aceptación de la crítica..., ¿por qué el cruel destino le ha deparado tan amargo devenir?
Quizá en el personaje que interpretó Jeff Bridges en Corazón Salvaje podamos hallar un símil romántico a la idiosincrasia del artista que representa Lanegan, un músico que se aferra a su inspiración, torturado por el alcoholismo, ajeno a las tendencias y hostil a la prensa y la difusión mediática de su nombre, fuera de lo estrictamente musical.
No obstante y a pesar de tratarse de un estereotipo que se aproxima mucho a la excelencia, en cuanto a mi concepción de músico se refiere, no deja de ser erróneo e incompleto.


Los que asistimos al concierto de la sala kapital pudimos observar todo un ejercicio de desdén e incluso desprecio del músico de Washington hacia el público. No solo no se refirió a él en ningún momento, sino que su voz, lejos de ser un murmullo, se convirtió en un barrunto ininteligible. Ni en el momento de presentar a los músicos estuvo a la altura. Salió, cantó y se marchó.

Con un aforo muy superior a mis expectativas y entregado hasta el punto de la 'histeria fan', Lanegan desgranó un total de 18 temas, sin que por ello la cantidad aumentase la calidad del concierto  y que lograron hacerse  tediosos hasta el sopor. Con una banda en la que destacaba un versátil guitarrista con un cierto aire a Jonhy Cash además de otros 5 músicos y un sonido más que decente en términos de acústica de la sala, no consiguió ni emoción ni empatía.
Inmóvil en el centro del escenario con la mirada fija en el suelo y las manos en el pie de micro ejecutó un tema tras otro sin apenas notarse que articulaba palabra y pasados los bises se marchó.
Los que quieran ver en la figura de Lanegan a un incomprendido que el destino y el negocio de la música han sacudido y zarandeado hasta agotar y que ahora se redime a ritmo de blues para exorcizar sus penas y que así  demuestra por fin y a pesar de todo, su identidad , que lo sigan creyendo. Viéndole abandonar el escenario como un cowboy solitario sin pena ni gloria ni la satisfacción del trabajo bien hecho, por fin puedo responder a Ramón, en un alarde de justicia poética: si vives como un solitario, puedes acabar solo.