3 de octubre de 2012

Mumford & Sons, Babel y la dificultad de superar un álbum como Sigh No More


Lo han vuelto a hacer. La banda de folk londinense predilecta de Bob Dylan nos acaba de regalar otro otoño de sensaciones con su último álbum para alegría y disfrute de sus millones de fans. Después de hacerse con un premio Brit y varias nominaciones a los Grammy, donde firmaron una actuación memorable con el maestro de Minnesota (hecho que hizo cuadruplicar las ventas de su primer disco) sus cuatro componentes pueden estar contentos. Motivos no les faltan. El pasado año lograron vender más de 4 millones de discos en todo el mundo, llenando cada festival que pisaban y consolidando así el que era su primer trabajo ante crítica y público: Sigh No More. Desde entonces ya han demostrado que son una de esas bandas con nombre y apellidos capaz de emocionar hasta la lágrima en un directo y componer temas hechos para sobrecoger el alma (creo que no me quedo corta si digo que es una de las bandas actuales que gozan de un mejor directo). Pero, tras una semana de escucha intensiva, podemos decir que Babel no nos ha sorprendido tan gratamente como esperábamos. 


Si bien es cierto que cuenta con temas tan reseñables como Hopeless Wanderer o Whispers in the Dark, también se echan de menos algunos sencillos tan potentes como Little Lion Man o tan intimistas como The Cave o White Blank Page. Y es que es más que obvio la dificultad que debe suponer superar un disco tan absolutamente magnífico como fue en su día Sigh No More (2009) donde cada pista brillaba con luz propia y donde nada sobraba ni faltaba. Porque, al igual que ya le ha ocurrido a otros grandes,  cuando uno se pone el listón tan alto, a veces se enfrenta al riesgo de caer en la medianía o simplemente en "lo aceptable". Por ello, y porque así lo han reconocido ellos mismos, nos quedamos con que Babel es, al fin y al cabo, una continuación de Sigh No More.


Bajo la producción de Markus Dravs (Arcade Fire) en Babel no faltan las baladas de corte espiritual que hablan de la esperanza, la supervivencia y el fracaso, con el banjo, las mandolinas, el acordeón o los teclados como testigos presenciales. En su conjunto encontramos 12 pistas que suponen un ejercicio lineal, pero por separado ninguna destaca sobre las demás.

Críticas aparte,  poco más se puede añadir de una banda como ésta. Su estilo abarca desde el country (más cercano al bluegrass), pasando por el folk hasta el indie rock. Y como las comparaciones son francamente odiosas, no les hace falta demostrar que nada tienen que envidiar a bandas como Fleet Foxes, Bon Iver u otras formaciones de la ya conocida como "escena folk del oeste de Londres".

Mientras seguimos exprimiendo cada pista de Babel, sus fans seguiremos esperando insaciables más, muchísimo más. Porque Marcus y cia tienen madera de sobra y porque Mumford & Sons es una de esas bandas que si no existieran, sin duda, habría que inventarlos.

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