3 de noviembre de 2012

LBm Crónica: Bon Iver, viaje a los sueños polares

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Existen ciertas circunstancias en las que uno deja de avanzar por la vida con la velocidad que nuestros tiempos exigen y se detiene a saborear un momento, una ocasión, en la que solo importa lo que vemos, oímos, sentimos. Y el resto desaparece, creando la ilusión de que no existe nada más, ningún otro momento ni ningún otro lugar. El concierto de Bon Iver el pasado domingo en el Palacio Vistalegre fue uno de esos. 

Justin Vernon creó un refugio, como aquel en el que se fuera a escribir su gran debut "For Emma, Forever Ago", en el no había dolor sino emoción, la intimidad se tornaba en grandilocuencia, el sonido lo-fi se convertía en masas de violines, saxos y electricidad, la caricia se alternaba con la catarsis sonora.
El montaje, que recordaba a los escenarios de Tom Waits, pero sin las reminiscencias a bar ni la liturgia del vividor caído en desgracia, invitaba a la imaginación. Múltiples bombillas creaban una sensación de claroscuro así como unas telas simulando ajadas velas decoraban la parte superior del escenario.



Como suponíamos sus miles de fans allí congregados,  el show de sonidos orgánicos y folk se tornó en un auténtico espectáculo de precisión que caminaba por los senderos del rock, la psicodelia y hasta el free jazz. Nuestro anfitrión se movía como pez en el agua entre el numeroso equipo de pedales, sintetizadores y guitarras (así como sus 8 acompañantes) sin romper en ningún momento la magia del concierto ni la belleza de las canciones.

Así comenzó la retahíla de temas clásicos, instantáneos, que dejó al público sin respiración desde el primer acorde, la primera nota, ningún sonido se oía en el auditorio, ni siquiera el tráfico externo. Así empezaron a sonar sucesivamente Perth, Towers, Creature Fear , Minnesota, Calgary...

De este modo, a la hora y media los músicos abandonaron el escenario para los esperados bises, cuando sonó The Wolves con un quejido inicial que recorrió como una onda expansiva todo la pista creando de nuevo el más absoluto silencio que no se interrumpió más que para aclamar los primeros acordes de  "For Emma", que fue una fiesta, una comunión con sus fans, testigos del cambio de aquel artista que pudo ser un hype, pero demostró ser un músico completo con mucho que decir.

Probablemente éste sea el menos periodístico de los artículos que he escrito hasta la fecha, pero existen ocasiones en que las opiniones van por detrás de las emociones.
La actuación de Bon Iver fue la síntesis perfecta de lenguaje musical y la capacidad de expresarla, todo un lujo para los que allí nos encontramos. Sin duda, algo digno de recordar.