20 de marzo de 2013

The Strokes: de la cumbre al ocaso. Lbm Review: Comedown Machine (2013)


No vamos a explicar a estar alturas quiénes son The Strokes (incluso para los que los consideran hipsters), porque para eso ya está la Wikipedia. Pero sí trataremos de hacer una reseña objetiva y sosegada sobre el quinto álbum de estudio de la banda neoyorkina a la que, en su día, muchos elevamos hasta el Olimpo de los dioses musicales y otros les enfundaron la etiqueta de "salvadores del Rock". 

One Way Trigger fue su carta de presentación, y para muchos, síntoma de lo que nos íbamos a encontrar en el resto de Comedown Machine (2013). Ahora ya podemos afirmar que las ingentes expectativas han quedado a la altura de la suela de sus zapatillas. Chicos, es hora de empacar las chupas, las guitarras y tomarse un respiro en alguna isla desierta, alejados de la gran ciudad y el mundanal ruido...

Para los que hemos seguido de cerca su fructífera trayectoria, desde el inédito y redondo "Is This It", pasando por "Room on Fire" o "First Impressions of Earth" hasta el más reciente y polémico "Angles" (disco que un su día defendimos a capa y espada pese a no estar a la altura del resto) podemos aseverar que el éxito de Strokes ha tenido forma de pirámide invertida, provocando en su legión de seguidores una serie de diferencias irreconciliables que van camino de acabar en una ruptura dolorosa e irreversible.

Esos mismos seguidores son los que ahora se están preguntando dónde ha quedado aquella frescura de hits como Last Night, Soma, Reptilia o Take It Or Leave It, o qué ha sido del talento incesante y el sello de una de las bandas con más clase y personalidad de la última década, fruto de unos genios del garage made in New York, liderados por el ingenioso Julian Casablancas.

Y es que es difícil, muy difícil escuchar Comedown Machine y no sentirse decepcionado. Como es de esperar, habrá algún defensor acérrimo que valore este trabajo, pero francamente estamos ante un disco abominable, sin estilo, falto de inspiración, sensiblero, de melodías parcas y toscas, y sin un solo track mínimamente reseñable.



Hay que reconocer que en "Tap Out", el primer track, al menos se esforzaron en sorprendernos. Un comienzo a base de potentes riffs que nos recuerda a sus épocas más oscuras y gloriosas. Pero a medida que el tema avanza va perdiendo fuelle hasta convertirse en una pésima bazofia inaudible.

Luego llega "All The Time", pista que bien pudiéramos encajar en Angles haciendo compañía a hits como Machu Picchu o Gratisfaction, pero que, sin embargo, nos sabe a muy poco.

De "One Way Trigger" poco podemos añadir que no se haya dicho ya. Para muchos, una versión a base de sintetizadores de la mítica canción de Maná "En el muelle de San Blas".

"Welcome to Japan" y la homónima "80' Comedown Machine" ya no hay por donde cogerlas. Suenan indolentes, soporíferas, ideales para echarse una siesta a pierna tendida.

En este punto, nos tomamos un respiro y pensamos: nada, han tenido un mal día, le pasa a cualquiera. Pero a medida que avanzamos nos damos de bruces con la cruda realidad y es cuando llega "Slow Animals", no apta para momentos bajos e inseguros.

Y así hasta llegar al final ¿feliz?. "Happy Ending" no es precisamente la guinda de ningún pastel, pero sirve perfectamente para cerrar este pésimo trabajo.

Abrimos el paraguas ante la posible disparidad de opiniones. Pero no haremos más leña del árbol caído. Simplemente, como bien dice un amigo, a veces es mejor dejarlos pasar...


- Puntuación: 2/10
- Temas imprescindibles: "All The Time", 50/50 (Por poner alguno)

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