23 de marzo de 2013

Tócala otra vez, Bebo.






Ayer fue un día triste, muy triste. Pero no es tristeza lo que este artículo pretende transmitir. Es poco más que un humilde homenaje a un genio y a unas manos que hoy nos dicen adiós, pero que han sabido comunicar a través de un instrumento como solo un mago puede hacerlo a través de su barita mágica. Mago del 'latin jazz' y del ritmo cubano, supo hacer del género su estilo y de sus orígenes, una virtud. Ayer nos dejó el maestro Bebo Valdés.




Sobrio, elegante y sin mucha ostentación. Así era él. Un genio escondido tras unos pedales que enmascara el dulce sentir de aquel joven soñador que tuvo que abandonar su Cuba natal para ganarse la vida. Los excesos los dejaba para el teclado. Mágica improvisación, sello de la casa, a través de florituras y notas de paso y con la habilidad de ejecutar, con más de 90 primaveras a sus espaldas, escalas pentatónicas sin apenas mover los dedos. Puro deleite. 

Mártir de un país que le dio la espalda, como otros tantos, Bebo lo tenía claro: no comulgaba con la política de su isla y en los 60 prefirió marcharse. Lo anduvo todo: México, Estocolmo, donde tocaba en gélidos bares y hoteles de carretera, y más recientemente España. Aquí encontró las piezas que le faltaban a su puzzle de la mano de Fernando Trueba y Diego 'El Cigala'. Diego puso la voz y Trueba la producción. Así llegó en el 2002 "Lágrimas Negras", disco que le catapultaría definitivamente vendiendo la friolera de 700.000 copias en un año y logrando infinidad de reconocimientos en todo el mundo (un Grammy, un Ondas, tres premios de la Música y varios discos de Platino). La fusión perfecta entre jazz y flamenco. El New York Times lo consideró el 'mejor disco del año'.

Carlinhos Brown, Bebo Valdés y Fernando Trueba.

Bebo y Chucho, unidos para siempre

Entre el enorme legado que Valdés nos ha dejado se encuentran álbumes como "Bebo Rides Again" (1994) con Paquito D'Rivera, "El arte del sabor" (2000) o "Juntos Para Siempre", el que grabó a dúo con su hijo Chucho, heredero del saber hacer de su progenitor. Gran parte de su trabajo se recoge en Calle 54, recomendadísimo documental dirigido por Trueba donde se exhiben también otras figuras del jazz latino reunidos en la calle 54 de Nueva York.

Bebo con su hijo Chucho.

"Lágrimas Negras" pasará a la historia por ser una de las joyas del jazz latino. Un disco que dejará para muchos de nosotros una estela de recuerdos imborrables. Lágrimas por el artista que supo tocarnos la fibra. 

Javier Colina, dijo que con Bebo no había ningún misterio. Y los que le conocían bien decían que era honesto y auténtico. Porque Bebo era una de esas personas con la que nos encantaría compartir unas cañas charlando hasta las mil de la vida, de su Cuba natal, y de música, mucha música. Pero sobre todo, era una de esas personas que no deberían irse nunca. Jamás. 




Allá donde estés, seguirás tocando una y otra vez como nadie, haciendo del jazz un sentimiento y del piano, un corazón. Hasta siempre maestro!

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