1 de octubre de 2014

Por què estamos enterrando el periodismo de rock


Este tìo es Paul Williams. Es un gran periodista de rock y ademàs era un chico muy guapo.

Lo que deberìa ser un periodista musical es una voz, ante todo. En lugar de eso, cada vez hay màs y màs putas de los pases VIP y las acreditaciones de prensa. Lo que un crìtico de rock deberìa tener por encima de cualquier otra cosa es un bagaje, un criterio, algo que decir y motivos por los que decirlo. 

La industria musical es un circo,pero no por ello deja de haber buenos artistas. La casa de zorras en la que se ha convertido todo esto que nos gusta tanto a algunos, la proliferaciòn de festivales irrelevantes, (¿Es cosa mìa o cada fin de semana hay un nuevo festival indie que surge de la nada y que a la nada se va? ¿Estamos creando una especie de burbuja inmobiliaria, pero musical, festivalera y drogadicta?) los grupos cuyos màximos referentes musicales son los Arctic Monkeys, el público hastiado e inmóvil y la falta de entusiasmo en general nos han privado de algunas partes del espìritu del rock and roll, pero no nos han dejado, y no creo que nos dejen jamàs, sin mùsica. 

Lo que no entiendo muy bien es lo que ha pasado con el periodismo musical. ¿Por què la figura del crìtico de rock ha pasado de encarnarse en alguien como Everett True, Paul Williams o Lester Bangs, a estar capitaneado por ciertas criaturitas absolutamente insoportables que tienen veinte años y un blog de mùsica y se limitan a acudir a conciertos sobre los que nunca dicen nada que pueda acercarse remotamente a una opinión o una crítica? ¿Por què en lugar de valentìa y sinceridad y cojones, el noventa por ciento de las veces que leemos algo sobre mùsica nos encontramos con una nota de prensa mas o menos bien editada?

Voy por la vida contando que cuando tenìa trece años me comprè una cajetilla de Lucky Strike y una Rolling Stone como si eso sirviese de algo. Y el caso es que cuando era adolescente sì me servìa de algo leer reseñas de discos productivas, que tenìan algo que decir y que me ayudaban a decidir cual iba a ser el pròximo disco en el que iba a gastarme mis cuatro duros. He estado en el club de los que leen mucho màs tiempo que en el club de los que escriben, y por eso me resulta tremendamente triste y frustrante que ahora, las personas que escriben sobre mùsica parezcan haber olvidado de que ahì, fuera del hype, fuera de lo que està o no de moda, fuera de hacer la pelota a la promotora porque quieres ir a tal o cual concierto, hay gente que lee, que quiere saber, que està obsesionada con la mùsica porque alguno de sus circuitos cerebrales está un pelìn averiado. No creo merecerme incontables reseñas sobre discos que estàn bien, sobre conciertos que estàn bien, sobre festivales que estàn bien

No puedes ver un cuadro de Jackson Pollock y pensar que es bonito. Puede parecerte una puta mierda o puede parecerte algo que te agarra de la tripita y no te suelta, o puede que no lo entiendas, o que no te importe, pero en cualquiera de esos casos tiene que provocar una reacciòn dentro de tì. La mùsica funciona exactamente de la misma forma que un cuadro de Jackson Pollock. La mùsica no està bien. Un concierto no està bien. Un concierto te parece aburrido, o te parece una locura, o te lo esperabas mejor y te sorprendiò porque los mùsicos se han hecho mayores y màs profesionales que la ùltima vez que los viste o, por el contrario, se han vuelto viejos y aburridos. Un disco es un paso adelante, o un retroceso, o un disco de experimientaciòn, o un pastiche comercial y lleno de dudas. La mùsica es muchìsimas cosas, pero no es algo que pueda dejarte indiferente. Y si estamos confiando en personas indiferentes para reseñar discos y para ir a cubrir festivales y conciertos, y estamos propiciando que los lectores habituales sobre mùsica tengan esa indiferencia como baremo, como opiniòn de los especialistas, es que el mundo està llegando a su fin y ademàs somos todos gilipollas. 

Es una cosa estupenda y fantàstica que mi generaciòn haya sido criada bajo la premisa de que puede hacer, decir y opinar lo que le dè la gana. Es genial que internet nos dè opciones para hacerlo de verdad y, ademàs, para hacerlo ràpido. Ahora podemos expresar opiniones sin tener que ser nadie, sin esperar autorizaciòn y sin que nos cueste dinero. Sin embargo, aplicàndolo a la mùsica, lo que hemos creado es un montòn de espacio virtual lleno de portadas de discos muy bonitas y reseñas completamente carentes de contenido. No sè què mierda es lo que asusta a los jòvenes blogueros rockeros, pero no creo que sea tan terrible. No sè què està mal en escuchar mùsica y volverte loco, querer pegarte un tiro, entusiasmarte por un grupo, hacer pogo en conciertos, dejarlo todo por escrito luego y ademàs teclear con un poquito de sangre en las venas. 

A lo mejor mi generaciòn està escribiendo sobre mùsica y partiendo de los motivos equivocados. El rock and roll es el refugio de los raros, y escribir sobre mùsica es el refugio de los que son màs raros incluso que el rock and roll. Pero la mùsica es una cosa delicada, enorme, insuperable, y para poder escribir sobre ella, primero, hay que tener unas ganas y una capacidad enormes para recibir, digerir y vomitar mùsica. En la crìtica musical no vale el name droppin, no valen los tecnicismos, no valen todos esos pesados que recitan nombres de grupo tras nombre de grupo sin tener ni idea y sin demostrar ningùn entusiasmo. Para escribir sobre mùsica hace falta saber escribir, pero, por encima de todo, hace falta intuir que la mùsica no son sòlo riffs y distorsiones y sintetizadores y pedales y acordes, sino una especie de pulsiòn interna, muchas veces rozando con lo enfermo, que algunos tiene y otros no. Para escribir sobre mùsica hace falta tener algo parecido a una brùjula interna, hace falta saber què fue antes y què despuès, y sentir hacia dònde puede estar encaminàndose el sonido. 

Creo que todos los que vamos a escribir sobre mùsica deberìamos comprarnos unos cojones en algùn sitio. Creo que un crìtico de rock no debe buscar encajar, ni necesariamente estar de acuerdo, sino simplemente prestar atenciòn. Creo que nadie deberìa leer una reseña de Pitchfork antes de escribir la suya para saber que opinar. Opinas tù. Pitchfork opina sus cosas. Hemos venido a explorar, a debatir, no necesariamente a estar todos de acuerdo. Creo que hay que escribir sobre mùsica partiendo de la atenciòn y el entusiasmo, y llegar, desde ahì, a escribir para decir algo. 
Me llamo Laura Bauhaus. Soy una bloguera veinteañera que aspira a ser crìtica de rock. En algùn momento de mi vida he cometido todos y cada uno de los errores que he criticado con tanta ferocidad, y es muy posible que vuelva a hacerlo, pero creo que tener una opiniòn tambièn consiste en tirar todas las piedras del mundo contra tu propio tejado.

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